Conrad y su mano izquierda, 08.08.07

En este año se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Józef Teodor Konrad Korzeniowski de Nałęcz, el polaco que se nos hizo a todos más cercano por esa buscada adaptación a la lengua del Imperio, por esa “cortesía con el lector” de que habla Cabrera Infante, que le convirtió desde 1884 y para siempre en Joseph Conrad. Konrad-Conrad estaba acostumbrado a los cambios, a los tránsitos más insólitos: desde su infancia más temprana, en que vio pasar a su padre de escritor aristócrata –por supuesto arruinado– a preso en Siberia; más tarde cuando él mismo pasó de joven comme-il-faut a delirante marinero de aguas peligrosas; y más tarde aún cuando emergió desde la muerte a la vida tras un intento de suicidio, hasta que finalmente terminó por convertirse de ciudadano polaco en británico por obra de viajes y experiencias. La de su nombre constituyó, tal vez, la más sencilla y natural de sus mudanzas.
Es probable que al calor del sesquicentenario –las celebraciones de óbitos y nacimientos son un semillero para las editoriales e incluso, por qué no admitirlo, para los articulistas que nos agazapamos en las secciones de cultura– haya dado a la luz la siempre atenta –con el lector, quiero decir– editorial Funambulista esa novela que no se halla precisamente entre las más conocidas de Conrad: El Regreso (1898), narración corta que su autor completó poco después de haber terminado El negro del Narcissus, y que tal vez se recuerde más por aquella versión cinematográfica que Patrice Chéreau realizó dos años ha (Gabrielle) con Isabelle Huppert como protagonista.
i
Dejando a un lado el obvio tirón comercial que implica recuperar a un autor con la correspondiente fecha conmemorativa de por medio, creo que –como en el amor o la guerra– cualquier excusa es válida si bueno es el propósito. Y en este caso lo es, a pesar de no falte quien haya tildado El Regreso de obra menor. No obstante lo cual, y considerada con la debida atención, hay en El Regreso elementos no sólo literarios, sino también anecdóticos, que le conceden indudable interés per se y en relación con su autor.
Es sabido que Conrad se ufanó en una ocasión de haber escrito El Regreso con la mano izquierda, probablemente por lo mismo que Toscanini elogiaba su propia siniestra, que para él era la “mano natural”: El Regreso únicamente puede escribirse con la mano izquierda porque es la mano menos sujeta a lo convencional (eso sí, sin que se entere la derecha). De ello se deduce que Conrad, según la obra que le tocaba abordar, debía de tener la posibilidad de ejercer de escritor ambidiestro –capacidad que recomienda y defiende Feijoo en su Carta XXXIX– y que en ocasiones… ni lo uno ni lo otro: el enorme y palíndromo escritor británico Ford Madox Ford afirmaba que el polaco (a quien conocía bien no sólo por empinar el codo en las mismas tabernas y por prestarle el dinero que no tenía, sino también por “colaborar” con él en la escritura de la desastrosa Romance y en la más que discreta Los herederos para ayudarle a cumplir con sus contratos descuidados por causa de la gota) no había puesto un solo dedo en su novela Bajo la mirada de Occidente. Lo cierto es que en El Regreso no hay más manos que la mano izquierda de Conrad, y la opinión que ofrece Madox Ford, cuando sostiene que El Regreso narra una historia conyugal obscena “que sólo nos atrevemos a mirar a hurtadillas”, no hace sino confirmar la coherencia de Conrad y su intuición –o sabiduría– manual. Cuando la obscenidad se escribe con la diestra deja de serlo y se convierte en animal doméstico. Por fortuna, la sagaz izquierda de Conrad pone todo en su lugar.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que la mano izquierda de Conrad ha contagiado de alguna manera tu rostro y nos ha privado de tu ojo izquierdo. Junto a otras informaciones que antes mostrabas y ahora ocultas y, sin embargo, no hacían mas que resaltar tu belleza.
En mi opinión la mejor obra de Conrad es "El espejo del mar", que en español podemos disfrutar en traducción de Javier Marías. Del mismo modo creo que la belleza de Ana se debe mostrar a rostro completo.

Anónimo dijo...

Apreciado amigo: sabes que a veces los espejos nos fatigan, quisiéramos variar la imagen, los enfoques... Los cambios no siempre son loables, es verdad, pero sí necesarios para prevenir males mayores... Es probable que vuelva a reaparecer completa, tras un nuevo seísmo emocional. (Suprimir, eso sí, sólo he suprimido mi nacimiento, aunque no tengo inconveniente en confesar que soy de la quinta del 71).
Agradecida por tus comentarios -todos- y, sin duda, bastante afín a tu gusto literario; Marías, ciertamente, es magnífico traductor y además adalid del polaco.
Beso por la izquierda.

Anónimo dijo...

Gracias por escucharme. Aproevando esa circunstancia te quiero hacer una preguna, ¿por qué no se multiplican tus peces como lo hicieron hace 2000 años? Cada mañana busco nuevos textos tuyos en "Los panes y los peces" o "El pozo y el péndulo", fundamentalmente; pero casi siempre me tengo que consolar con los comentarios que haces en los blogs de alguno de tus amigos.

Anónimo dijo...

De nuevo te agradezco tu interés. Contesto tu pregunta: Los Panes y los Peces se renueva una vez por semana, ya que coincide con el artículo que publico todos los miércoles en el Diario de Cádiz (por eso la fecha que sigue a los títulos; mañana toca renovación; en general, renuevo todos los lunes). El Pozo y el Péndulo es un espacio para crítica literaria, musical, etc. que aparece en el Diario Montañés; ahí publico de forma más irregular, de modo que aparecen textos cuando Dios dispone. Más a menudo renuevo Hablemos de Victorias, donde cuelgo textos al menos dos veces a la semana, aunque son más personales: reflexiones sobre cultura, sobre imágenes, sobre estados emocionales... Y bueno, Poemática va al ritmo de las publicaciones, no me gusta exhibir textos inéditos por razones obvias. Hay quien me ha dicho que debería fundir todo esto en un solo blog, y tal vez ni esté desacertado. Pero sería mucho el trabajo de volver a volcar todo en una sola bitácora, en especial por el asunto de respeto a las fechas, etc. Siento la dispersión... Beso comprensivo.

Anónimo dijo...

Querida amiga:
Tres cuestiones quiero comentar.

Me ha encantado el uso de la palabra bitácora, mucho más bonita que blog, y, además, de nuestro idioma.

Permíteme una corrección, el texto que nos ocupa (Conrad y su mano izquierda) apareció en Diario de Cádiz el 25 de julio (lo tengo bien guardado y lo puedo demostrar).

Por último una corrección mía. Me has enviado dos besos y yo no he tenido igual trato contigo. Así que en este te envío los dos que te debo y otro de ahora.

(Definitivamente me he vuelto un adicto a tí en la distancia)

Anónimo dijo...

Mi querido Enore: ¡¡No seas chivato!! Jaja, tienes razón en lo que dices del texto de Conrad. Ahí ha habido una serie de "blancos" por razón de un viaje mío a París, y la verdad es que por no dejar los blogs -bitácoras- demasiado cojos guardé ese artículo en la bocamanga y lo saqué en Los Panes con fecha posterior. Pero te juro que no he hecho más tropelías de ese género... Por favorrrr, no me descubras más secretillos... ;))) Beso tercero.
P.S.: ¿Eres gaditano?

Anónimo dijo...

Prometido.

Respuesta a tu pregunta: de donde quieras.

Lo único que importa es que me sigas dando vida con tu escritura.

Un cuarto beso, si me permites la confianza, colócalo en tu mejilla derecha y reserva otro para la izquierda cuando aparezca.

Anónimo dijo...

Así será. Todo.

Raúl Márquez dijo...

Hola. Te escribo desde Venezuela. Me parece muy interesante tu bitácora. Estoy interesado en la literatura de Conrad, por eso llegue a ti. Un abrazo

Anónimo dijo...

Bienvenido, amigo. Se da la casualidad de que conozco tu tierra, por allí estuve hace unos años.
Un abrazo.