Epidemias, 18.11.07

Todo siglo atraviesa sus epidemias, pero la peste del XXI es única en su género. Nuestra sociedad se empeña en emular al lobo de Hobbes y devorarse a sí misma sin rubor; los periódicos subrayan el recorrido de esa bestia que regurgita sin cesar sus hazañas más gloriosas.
La vanitas y la violencia se nos antojan reliquias del pasado: galas en bodegones del siglo XVII, muestras de épocas pretéritas en que el valor se medía por el puñetazo más fuerte. Sin embargo, en execrable revival, ambas regresan con incrementados ánimos. El culto a la frivolidad como conjuro contra los aspectos menos placenteros del entorno deviene referente de vida en sectores cada vez más amplios de nuestro sistema social. La proliferación de clínicas de estética en Cádiz en el último quinquenio supone no sólo la confirmación –dejando a un lado necesidades obvias por accidentes o malformaciones– de la exacerbación del físico por encima de otros valores, sino también la aparición de dos personajes hasta ahora inusitados: el damnificado por los mercaderes de la belleza y el pícaro que, como en las etapas más malolientes de la Historia, hace el agosto a costa de la vacuidad humana. Las denuncias se están multiplicando (lo indica la Federación de Consumidores gaditana) para un problema con un origen muchas veces achacable a las prioridades morales del denunciante.
Respecto a la violencia, es evidente que empieza a resultar alarmante en el ámbito juvenil: el sádico de quince años que hoy graba en su móvil la paliza a un compañero será quizás juez –sin necesidad de oposición– dentro de otros quince. Agarrémonos que vienen curvas. La Junta de Andalucía propone incentivar la delación al compañero –y así propiciar el sano espíritu de la vendetta– en lugar de coger el toro por los cuernos y admitir que no existe la autoridad sobre los chicos, que el sistema educativo vigente sólo fomenta el cachondeo en conocimiento, esfuerzo y obligaciones, y que en veinte años nos hemos cargado la ética de una generación entera en este país.
Vanitas y violencia son episodios agudos de la misma epidemia: deshumanización. Mientras el niño amenaza a su colega de pupitre, mamá se opera el párpado y papá juega al squash.

13 comentarios:

Sir John More dijo...

Amén. ¡Y qué impotencia!

Besos humildes y pacíficos.

Anónimo dijo...

Pues sí, impotencia absoluta, mientras los responsables de todo esto apartan la mirada como si esto estuviera ocurriendo a diez mil kilómetros de aquí. En fin, ¿paciencia?
Un beso para ti.

Anónimo dijo...

No creo que en estos temas haya que manifestarse impotentes o pacientes.
Seguramente todos siendo chavales hemos cometido tonterías, pero las que hoy vemos no se compadecen con las que yo mismo pude protagonizar siendo chaval.
Todos somos padres o amigos de padres o de hijos o profesores o xxx y todos podemos ejecer alguna influencia para evitar esas epidemias.
Al docente se le ha privado de autoridad (los padres son los primeros en hacerlo) y los padres han delegado la formación en otros y los poderes públicos no se enfrentan a estas nuevas realidades sociales, complejas pero que existen y que producen o producirán efectos negativos.
Seguramente no es correcto generalizar, pero la realidad tiende a parecerse a una epidemia.
Besos

Anónimo dijo...

Mi querido Escéptico: Cuando el otro día te comentaba que la vivencia democrática nos había metido en un berenjenal bien gordo me refería precisamente a la banalización insufrible que está experimentando nuestra sociedad. Con esto, es obvio, no estoy promulgando el uso del látigo dictatorial, pero sí me parece oportuno apuntar que la liberalización política y social ha cogido a muchos con el pie cambiado, y que en muchos casos se ha pensado que lo anterior era tan malo que había que contradecirlo a toda costa.
Y ese "a toda costa" ha significado el destierro de los niveles más elementales de disciplina, de autoridad, de estímulo del conocimiento, de premio al esfuerzo. La educación de nuestros chicos -de quienes dependeremos a no mucho tardar- está en manos de padres presos de la memoria histérica y de pedabobos sin un gramo de inteligencia en el cogote. La política, entre tanto, se lava las manos por no hacer frente a una patata caliente que se las trae con abalorios. Y así, unos por otros, la casa no sin barrer, sino a punto de ser dinamitada. A ver hasta dónde llegamos con tanta tolerancia.
Un beso.

Sir John More dijo...

Y yo haría hincapié en que no sólo los padres hacen dejación de sus deberes educativos, sino que también el nivel cultural y profesional de los maestros es terriblemente bajo, y algo menos malo en la Secundaria, aunque sin llegar a unos niveles mínimos que pudieran salvar el asunto. Por supuesto, como dice Escéptico, no es bueno generalizar (siempre que se entienda por generalizar extender lo afirmado a todos y cada uno de los miembros de un colectivo, porque si lo que se quiere expresar es cómo es la generalidad de esos miembros, tal vez no sea desacertado generalizar), pero no tengo demasiadas dudas de que, al igual que la generalidad de los padres se preocupa poco o nada, en todo caso de forma insuficiente, por la educación de sus hijos, el colectivo docente es de los más pacatos que hay en el sector de trabajadores intelectuales, ambos con sus honrosas excepciones. Y así nos va. Podemos hacer mucho en nuestro pequeño mundo, pero luego está el poderoso mundo ahí fuera, y como poco resulta difícil, la verdad.

Bueno, más abrazos y besos.

Jorgewic dijo...

¡Qué tiempos! Quién nos iba a decir que ibamos a añorar los tiempos pasados en que cada uno se buscaba la vida en la escuela con su noble violencia "artesanal" y su picardía natural, eh... Ahora mucho control, mucha teoría aplicada y mucho progreso anestesiado, pero de tan neutra que se están volviendo la infancia y las reglas de la urbanidad casi dan ganas de volver a la navaja en la liga y el tirachinas recauchutado: como seas tan incauto de acudir a la despersonalizada "oficialidad" vas de culo. El mundo real no tiene respuestas que mejoren las de los libros de aventuras de siempre.
Besos

Anónimo dijo...

¿Control? ¿Teoría aplicada? ¿"Onde"? Teorías que no se aplican sí, a porrillo. Control por mingún sitio (dejando a un lado el de Hacienda :-D). Y los libros de aventuras... bueno, tiempo ha que ardieron en una pira.
Un beso, lindo.

C.C.Buxter dijo...

El problema de la violencia juvenil es que ni siquiera está mal vista y por eso quienes la practican no disimulan demasiado. Hace no mucho, en el metro de Barcelona, una docena de chavales de unos catorce años entró en un vagón chillando, empujándose entre ellos, fumando... uno que se sentó a mi lado, asombrado de que a mi edad siguiese estudiando, me confesó sin reparo alguno que cuando fuese mayor quería "trabajar" robando motos: "lo haces cuando quieres y sin que nadie te mande". Curiosa concepción de la flexibilidad laboral...

Dejando de lado cómo me ha dolido tu referencia a los futuros jueces... precisamente cuando volvía este domingo de Madrid lo hice en un tren de recorrido Cádiz-Barcelona, y un pasajero cercano a mí tenía un ejemplar del "Diario de Cádiz". He de confesar que estuve a punto de pedirle el periódico para buscar un auténtico "Ana de la Robla" impreso (si es que coincidía) pero al final mi timidez decidió que lo mejor era esperar a ver si se lo dejaba olvidado al salir del tren. Ay, no pasó: ¡otra vez será!

Anónimo dijo...

Ese epígrafe (ladrón de motos) hay que incorporarlo al régimen de autónomos. Le ponemos el número 007 y van que vuelan...
Querido mío: si hubieras sido más osado tendrías un auténtico AdelaR en tus manos, ya que el domingo es el día en que publico :-))
Pero ya lo arreglaremos. Eso y lo de tu plaza también (apresúrate antes de que lleguen los que cito en el artículo). Un beso con cariño.

Filisteum dijo...

¿lo veis? No siempre es verdad que la violencia engendre violencia.

A veces la peor violencia la engendra la impunidad. Al adolescente acosador lo crea el padre dialogante, que nunca le ha dado dos hostias.

Al peleas, al camorrista, lo creeaba elpadre embrutecido, de acuerdo. Pero este es peor. Este es cobarde. Este se sabe impune y por eso graba con el móvil la paliza.

Lo que tengo visto es que cuando alguien lo coge y le parte la cara, desaparece del mapa para los restos. Para siempre. Se borra por completo.

Preferiría tener que decir otra cosa, pero esto es lo que he visto y lo que sé.

Anónimo dijo...

Pues seguramente... Ya lo decía el latino: res non verba. :-)

Sir John More dijo...

No sé, no dudo de que la impunidad es uno de los problemas de esta sociedad. La policía municipal no existe en la mayoría de ciudades y pueblos de este país, y la policía nacional y la guardia civil queda para los hechos más trágicos. Es decir, la mayoría de barrabasadas y travesuras que se producen en nuestras calles nunca encuentran contestación. De ahí a generalizar y aplaudir esas "dos hostias", o si no aplaudirlas, considerarlas necesarias... Creo que aceptar las dos hostias es aceptar que hemos perdido en la educación de nuestros hijos. Unos padres que deben recurrir a las dos hostias ya han perdido, y a los hechos me remito. Unos padres que combinan libertad con autoridad (que no autoritarismo) no necesitan llegar a las dos hostias, porque no las necesitan para demostrar a sus hijos que están muy enfadados, y para que ellos consideren que ese enfado es importante. En fin, tema largo, pero aunque soy de los que creen, con Ana, que esta sociedad está "muy malita", e incluso soy bastante pesimista, también creo que la violencia no arreglará nada, en todo caso nos aliviaría durante un instante. A esto habría que echarle cabeza e inteligencia... Saludos a tutti...

Filisteum dijo...

Johyn More, tienes toda la razón cuando dices que la autoridad se pierde al llegar a las dos hostias, pero me gustaría que reflexionásemos sobre algo:

La adolescencia es una lucha contra las fronteras y los límites, y en un entorno co,mo el nuuestro, donde se impone y obtiene lo que desea el que aplica hechos consumados, el adolescente ve que él actúa y su padre sólo habla. Y siente que vence. Y es entonces cuando en su cabeza se devaúa, acaso para siempre, el concepto de diálogo. Porque no sirve. Porque "mientra sólo hable, puedes pasar de él"

Es entonces cuando las dos hostias devuelven el valor al diálogo como alternativa deseable y preferible. Cuando el chaval, que tiene muyt claro lo que quiere, entiende que es mejor hablar para conseguirlo, porque le otro camino "es cosa chunga".

Algunos deberían vivir enfrente de un instituto y dejar las ventanas abiertas en verano para aprender pedagogía.

Ni te imaginas lo que se oye.