La Filmoteca y su circunstancia, 14.03.08

Parece ser que al fin se reanuda la actividad de la Filmoteca de Cantabria en la última semana de marzo, después de diez meses de silencio y cierre. La causa de la suspensión de la programación en un espacio cultural que contaba con una notable acogida entre el público de Santander fue en apariencia insustancial… o no tanto: la sala en cuestión no contaba –inexplicablemente, dado el carácter de las instituciones implicadas– con la debida licencia municipal de apertura y autorización para la actividad desempeñada. Tiene guasa que las instituciones oficiales se pasen por el arco de triunfo una normativa que se exige con rigor a todo establecimiento de nueva creación. El caso es que, para más inri, la supuestamente grave ausencia de esta preceptiva autorización no impidió el funcionamiento de la sala desde 2001 a 2005, en que las denuncias de los vecinos de las inmediaciones por causa del ruido acarrearon la apertura por el Consistorio de un expediente de tramitación de la licencia de marras, que implicaba la consiguiente necesidad de remodelar la sala. El Gobierno entonces se pone estupendo y se niega a cumplir tales exigencias, aduciendo en los tribunales indefensión ante el Consistorio. Mejor no imaginárselo. Todavía después de todo esto, y en mitad de tan ridículo partido de ping-pong, la sala siguió funcionando en precarias e ilegales condiciones, hasta que en junio de 2007 se cierra. En resumen: hemos asistido a una desavenencia jurídica que en realidad más bien parecía encubrir un penoso y surrealista enfrentamiento entre instituciones de diferente color político, a la par que una chapuza de singular calibre de esas a las que por estos lares ya estamos más que acostumbrados.
Los grandes perdedores de todo este asunto han sido, como siempre, los de a pie. Sin contar con los innecesarios y desproporcionados gastos que ha generado para el bolsillo de los ciudadanos este complejo y absurdo proceso de “tocamientos” y malentendidos (el dinero de nuestros impuestos también parece ser, como nuestra amada Cantabria, infinito), los asistentes habituales a la Filmoteca se han visto privados durante diez meses de un atractivo servicio cultural por la mala cabeza de los gestores implicados, menos interesados en la iniciativa en cuestión que en la foto de prensa correspondiente: así nos luce el pelo en este país –por no decir en esta región, no vaya a pensarse que personalizo–. Y es que para este servicio cultural, que no sólo acogía cine, sino también producciones escénicas y algún que otro concierto, en ningún momento se ha buscado un espacio alternativo que pudiera servir de “sustituto” provisional con el mismo espíritu y de manera sostenida mientras se desfazía el entuerto. Todavía ahora estamos temerosos, aguardando que se abra la caja de Pandora y se desperdigue alguna otra calamidad en la rueda de prensa que próximamente se nos avecina.
Por otra parte, es de esperar que la programación resulte más encauzada y selecta que en los últimos tiempos previos al cierre, en que, salvo excepciones, lo que dominaba era un pêle-mêle insoportable de ciclos difusos y mezclados sin venir a cuento, proyecciones dispersas y una poco edificante reincidencia en títulos no siempre afortunados que habían pasado por las salas comerciales en la quincena anterior. Una filmoteca no debe ser un local crematísticamente rentable sino un servicio cívico inteligente, de modo que ojalá con la calma de las aguas retorne el buen gusto a un espacio que, durante un periodo de su existencia, aportó pasajes de auténtico interés a la cultura cinematográfica de esta ciudad.

4 comentarios:

C.C.Buxter dijo...

El colmo del surrealismo: una Filmoteca pública... sin licencia pública. Será por eso de que "en casa de herrero, cuchillo de palo".

Bardamu dijo...

Qué recuerdos...
No sé qué me extraña más, si la falta de licencia o las quejas de los vecinos. ¿Qué insoportables ruidos y molestias puede causar un cine?
En fin, veremos qué nuevas sorpresas nos depara su segunda época.

Rukaegos dijo...

Es que en esta ciudad nuestra las licencias sólo son necesarias si las necesita la oposición. Nadie pidió licencia alguna mientras un mismo partido controlaba gobierno regional y municipal. Cambió el regional ... y ya la tuvimos liada. Por estos lares es un clásico.

Anónimo dijo...

C.C.Buxter: Así semos :-) Estos apaños tan majos... En fin. Un beso.

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Bardamu: Ojalá impere el sentido común y se solventen los problemas causados por la desidia y por el pensamiento de que los ciudadanos somos tan estúpidos como para aguantar lo que nos echen. Pero no sé yo... Un abrazo.

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Rukaegos: De acuerdo totalmente contigo. Aunque también es cierto que cuando llegó Marcano con sus huestes las cosas no se arreglaron en absoluto, en un estilo que ya nos resulta muy familiar desde la Consejería correspondiente, parece que acostumbrada a actuar suo modo, es decir, mal y despóticamente. Seguimos perseverando en el ejemplo... Qué cansancio. Mil besos.